NUEVA ORLEANS. – En una exhibición de dominio físico y estrategia, los Seattle Seahawks se coronaron campeones del Super Bowl LX tras vencer a los New England Patriots. La clave del encuentro no fue la ofensiva, sino una defensa impenetrable que recordó a las mejores épocas de la franquicia, asfixiando cada intento de remontada de los Patriots.
El partido, disputado en un ambiente eléctrico, se mantuvo cerrado durante la primera mitad, pero fue en el tercer cuarto donde la unidad defensiva de Seattle marcó la diferencia. Con intercepciones clave y una presión constante sobre el mariscal de campo, los Seahawks lograron neutralizar el plan de juego de los dirigidos por New England.
Una muralla infranqueable
El MVP del partido (por definirse oficialmente, pero con fuerte tendencia hacia la unidad defensiva) lideró una secundaria que no permitió jugadas de más de 20 yardas. Los analistas de la NFL ya califican esta actuación como una de las más dominantes en la historia reciente de los domingos de Super Bowl.
«Sabíamos que si deteníamos su juego terrestre, el trofeo sería nuestro», declararon desde el vestidor de Seattle durante los festejos. Por su parte, los Patriots, a pesar de los ajustes en la segunda mitad, no lograron descifrar el esquema de cobertura impuesto por Seattle.
El regreso a la gloria
Con este triunfo, los Seahawks suman un nuevo título a sus vitrinas, consolidando un proyecto que apostó por la solidez defensiva y el control del reloj. Para los Patriots, la derrota significa un amargo cierre de temporada tras haber llegado como ligeros favoritos en las apuestas.









