El Kremlin anunció que el suministro de crudo a la isla es inminente, desafiando abiertamente las amenazas de aranceles impuestas por Washington.
MOSCÚ. – En un movimiento que eleva la tensión en el tablero geopolítico, el gobierno de Rusia confirmó este jueves que iniciará en breve el envío de petróleo a Cuba. Con este anuncio, Moscú desafía de manera directa las políticas de sanciones y la amenaza de aranceles del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha buscado asfixiar energéticamente a la isla.
El Ministerio de Energía ruso detalló que el suministro está coordinado bajo acuerdos de cooperación estratégica, asegurando que el flujo de hidrocarburos servirá para paliar la crisis energética que atraviesa el país caribeño.
Un desafío directo a Washington
La decisión de Rusia ocurre en un momento de máxima fricción, luego de que la administración de Trump advirtiera con imponer aranceles de hasta el 25% a cualquier país que facilite el transporte de crudo a Cuba. Al confirmar el suministro, el Kremlin envía un mensaje de resistencia ante la presión económica de la Casa Blanca.
«Nuestras relaciones comerciales con Cuba son soberanas y no están sujetas a los dictados de terceros países», puntualizaron voceros oficiales en Moscú, reforzando la postura de que Rusia no cederá ante las amenazas comerciales de EE. UU.
El suministro es «inminente»
Aunque no se especificaron las rutas exactas para evitar posibles intercepciones o bloqueos, Rusia adelantó que el suministro se prevé para las próximas semanas. Este apoyo ruso se suma al reciente arribo de 814 toneladas de ayuda humanitaria desde México, creando un frente de apoyo que busca estabilizar la situación en Cuba frente al cerco estadounidense.
Impacto en el mercado energético
Analistas internacionales sugieren que este movimiento podría provocar una respuesta aún más agresiva por parte de Washington, no solo contra Cuba, sino contra las flotas navales que participen en el traslado del crudo. La entrada de Rusia en la ecuación energética del Caribe complica los planes de Trump de utilizar los aranceles como herramienta de control regional.








