El polémico exdirectivo abandonó las oficinas de la Secretaría tras su remoción; la imagen de su salida se vuelve viral como símbolo del fin de su gestión.
CIUDAD DE MÉXICO. – Lo que comenzó como un rumor administrativo terminó con una estampa cargada de simbolismo político. Marx Arriaga Navarro, quien hasta hace unos días fuera el poderoso y controvertido Director de Materiales Educativos, abandonó oficialmente las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Fiel a su ideología y estilo, Arriaga no se fue con las manos vacías: bajo el brazo llevaba el cuadro de Carlos Marx que lo acompañó durante su gestión.
La escena, reportada por testigos en las oficinas de la dependencia, marca el punto final a una de las etapas más divisivas en la historia reciente de la educación en México, caracterizada por la creación de los nuevos libros de texto gratuitos.
El fin de una era en la SEP
La salida de Arriaga ocurre en medio de una transición hacia un perfil más conciliador con el nombramiento de la poeta mixteca Nadia López García. Mientras la nueva titular busca tender puentes con la comunidad académica y los padres de familia, la partida de Arriaga con su icónico cuadro representa, para muchos, el retiro del ala más radical que impulsó la «Nueva Escuela Mexicana».
¿Resistencia o retiro?
A pesar de su salida física de las oficinas, Arriaga ha dejado claro en sus redes sociales que no abandonará el debate público. Recientemente exigió un despido conforme a la ley y propuso una «refundación» de la SEP, lo que sugiere que, aunque se llevó su cuadro de las oficinas, su influencia y sus críticas seguirán presentes en el ecosistema político educativo.
Reacciones en los pasillos de Educación
La salida del exfuncionario generó opiniones encontradas entre el personal de la SEP. Mientras algunos celebran lo que consideran el fin de una gestión «impositiva», otros lamentan el retiro de quien consideran un defensor de la soberanía educativa. Lo cierto es que la imagen de Arriaga caminando por los pasillos con su cuadro de Marx bajo el brazo ya forma parte de la iconografía política de este sexenio.









